Adiós al lenguaje

Invitación para ver la cinta de parte de un Godardlotra.*



Afortunadamente todavía existen cintas tan radicales que nos dan la idea de descubrir por primera vez un mundo desconocido. Afortunadamente todavía vemos un cine que nos plantea un desafío, un cine que nos obliga a leer cada imagen y sonido activa y juguetonamente. Adiós al lenguaje es un refrescante ejercicio que transforma el uso del 3D en una exploración (investigación) de las posibilidades no utilizadas del audiovisual. La tecnología 3D le da al veterano realizador franco-suizo la oportunidad de sondear la sensorialidad de la imagen en un campo inexplorado hasta ahora. Como resultado se obtiene un peculiar film que es a un tiempo extensión de sus recursos habituales y una revitalización de su propia obra. Sin alejarse, pues, de los métodos de las películas de su época tardía, Adiós al lenguaje se configura como una continuación y una revisión de los temas de su obra, lo que incluye una reflexión sobre los límites y la naturaleza del cine, o mejor será precisar como una reflexión del audiovisual. Ni enteramente ensayo cinematográfico, ni solmanete una muy sui generis forma de narración, el realizador fabrica una densa meditación sobre los lenguajes, la tecnología y la posición del ser humano en la actualidad con un aire nuevo. Adiós al lenguaje, en todo caso, es una peculiar experiencia cinematográfica sobre la que es mejor entrar sin ideas preconcebidas, ni poéticas estrictas. Idealmente uno debe verla con la mirada inocente de quien observa la primera película que ha vista del cine, aunque también es bueno verla como si fuera su punto final.


La trama o tramas de la cinta son difíciles de discernir. Si nos atenemos a la sinopsis para prensa la cinta gira alrededor del affaire lleno de conflictos entre Josette (Héloïse Godet), mujer casada, y Gédéon (Kamel Abdeli), soltero solitario. La relación parece rumbo a su fin hasta que Roxy, perro que ha vagabundeado por varias secuencias, se cruza con la pareja.  Debemos añadir, eso sí, que la relación también es amenazada por el celoso esposo de Josette. Lo que ocurre, de cualquier manera, no es fácilmente elucidable. Godard oscurece intencionalmente la inteligibilidad de la narración con mecanismo habitualmente utilizados en sus cintas. No hay una continuidad fácilmente distinguible de líneas narrativas -casi siempre son varias que se sobreponen e intercalan, las irrupciones de otras imágenes o bandas sonoras son frecuentes e, incluso, las mismas imágenes no dan el énfasis corriente para llamar la atención sobre lo narrado. Metódicamente se desafían las convenciones del audiovisual para reflexionar sobre el medio y para también, lo que es esencial, vivir la experiencia fílmica misma, una experiencia muy heterodoxa como ha sido corriente en la carrera del realizador. En primer plano, pues, vemos el artificio del cine y de sus convenciones. Con el tiempo el cine de Godard ha ido indagando no solamente al cine mismo sino al lenguaje verbal y a otro tipo de convenciones. Esta última cinta es otra muestra de cómo queda en evidencia la función del lenguaje como puente y como obstáculo, algo que nos comunica pero también nos separa. Más si nos damos cuenta que el lenguaje nace, se extiende, se deteriora y desaparece. Del mismo modo en que las tecnologías que han contribuido al cine han aparecido y se van quedando atrás, del mismo modo en que las películas van pasando a formar parte de la corriente de la vida y el olvido. La cinta es una muestra literal y una metáfora de ese devenir, lo que no deja de ser asombroso y apabullante. Geoffrey O'Brien recuenta en su iluminadora reseña ese asombro ante secuencias de imágenes y banda sonora como sustituto al de esa elusiva trama. Más allá del asombro mismo, anota O'Brien, se encuentra una meditación compleja sobre el lenguaje. Y mucho más. La cinta es una experiencia límite que sondea los bordes de lo cinematográfico para inducir a la reflexión. Es un artefacto que puede verse como dispositivo narrativo de vanguardia, innovadora experiencia sensoral, o discurso multidimensional sobre el lenguaje y el ser humano.


La dificultad para elucidad la trama no implica, en todo caso, que no tenga una relevancia dentro de la cinta. En un incisivo análisis David Bordwell nota que, en realidad, en Adiós al lenguaje conviven dos historias-espejos, o quizás también, dos puntos de vista sobre una misma historia. La repetición, nota Bordwell, es una constante del film, tanto en la narración como en una recurrencia de imágenes y motivos. Así, la aparición de unas flores silvestres va a tener su reiteración en el siguiente segmento del filme, y así una escena entre Josette y Gédéon tendrá una suerte de repetición desde otra perspectiva; o incluso, me aventuro, bien puede corresponder a otra pareja de un espacio-tiempo diferente. Podemos descifrar la cinta con mayor facilidad con el patrón que identifica Bordwell, en especial en lo que vemos en los dos primeros tercios del film. La repetición le da un sentido adicional a esa tenúe narración que salpica a Adiós al lenguaje.  Godard no está incursionando únicamente en el 3D, sino también en una narración usada con bastante frecuencia en la actualidad: un perspectivismo que muestra varios puntos de vista de una misma historia. El perspectivismo, sin embargo, adquiere una nueva dimensión en esta cinta. No es únicamente una estrategia para subrayar la intriga narrativa, o para dar una sorpresa al espectador. El objetivo reside más en notar la amplitud de perspectivas sobre un mismo evento como sus obstáculos. Godard pone énfasis en la obstrucción y la limitación, y no en la ilusión de conocer todo lo que abarca una narración como en una película convencional. Al final de la cinta el esquema cambia, y aunque la repetición de motivos continúa, la narración se resuelve con una línea que ya no se repite. Adiós al lenguaje concluye con una especie de coda que no carga el dramatismo corriente sino que se asemeja más a la irresolución de la vida diaria -carente de toda dramaturgia. Ahora, una de las facetas de Adiós al lenguaje  es la suma de elementos narrativos en una estructura que con una alta sofisticación dan idea de un tipo de narración de avanzada, aunque no lo parezca a primera vista.


Ineludiblemente el 3D concentra la atención de críticos y reseñistas. Para Godard esta tecnología ha supuesto la oportunidad de un juego revitalizado con formatos y texturas. En los lugares menos comunes y menos explotados por los cineastas que han utilizado el 3D es donde Godard ubica las cámaras, en medio de los muebles de un hogar o en una plaza sin mayores puntos atractivos. El realizador utiliza una amplia gama de imágenes y efectos que exploran el Low-Fi (en oposición del Hi-Fi que obsesiona a tantos directores y espectadores hoy). El paisaje de Adiós al lenguaje es inusual y choca con la violencia de una imagen que no cuadra con otra tratada para ser aceptada como la realidad corriente, si bien no haya nada verdaderamente irreal en la película. El realizador franco-suizo se concentra en la expresión plástica de las imágenes con las que produce una sensación alucinante que ninguna otra cinta en 3D ha podido producir. A pesar de la agresividad con que Godard ataca las convenciones filmicas para subrayar la artificialidad del medio, en Adiós al lenguaje se destaca un placer estético nuevo, el de un medio que abre un campo todavía inexplorado, el placer también de un arte de la imagen. De modo explícito se citan planteamientos de Monet con el que se nota un paragón entre el hacer del pintor y el del cineasta.  Adiós al lenguaje es una recuperación de la facultad del cine para crear una experiencia sensorial en sí misma que transmite múltiples sentidos. Parte de estos están conectados con el constructo del lenguaje y sus limitaciones. No en vano, la cinta se divide en dos secciones -que también se reiteran: La naturaleza y La metáfora. El estado del lenguaje en nuestra época se constituye en uno de los ejes del film, un estado en que se ha elevado con la tecnología a todos los ámbitos y a la vez se ha empobrecido en su expresividad. El film nos hace reconocer como el lenguaje se transforma en el modo en que construimos y habitamos un mundo, y también como este nos aleja de la realidad al retomar citas de Rilke de las Elegias del Duino. Adiós al lenguaje es un artefacto audiovisual que indaga sobre las complejidades y contradicciones de todo lo que llamamos lenguaje y, sobre todo, es una cinta que lleva a enfocarnos en la sensorialidad (sensualidad) del audiovisual, como acota A.O. Scott.


A la hora de ir a la sala para ver esta película es bueno despojarse de prejuicios, ideas preconcebidas y poéticas. Adiós al lenguaje es una experiencia gratificante en la medida en que se acepten sus reglas de juego. El cine de Godard siempre ha tenido la peculiaridad de dividir a los espectadores entre fieles y detractores -pocas veces un lugar común es tan cierto. Al practicar un cine difìcil de catalogar, las cintas del realizador franco-suizo han abierto un espacio propio en el que se presentan con sus propias condiciones. Godard ha desafiado consistentemente nociones, convenciones y límites. Ha roto barreras para el cine y lo ha hecho una expresión artística más rica y amplia. Desde hace ya medio siglo hizo explotar lo cinematográfico y todavía lo hace con una envidiable vitalidad. A sus 84 años Godard continúa cuestionando las concepciones cómodas y estáticas de una cantidad de cine que a veces se adormece en la repetición de un espectáculo sin fondo. Con sus peculiaridad el realizador ocupa el lugar de renovador que en sus respectivas artes ocuparon Joyce y Duchamp. Estos 3 excepcionales artistas han transformado nuestra capacidad para ver al producir obras que desbordan los límites establecidos con apuestas arriesgadas. Por eso es emocionante ver hoy un film como Adiós al lenguaje. Ciertamente, la obra de Godard es irregular, y eso se puede notar por segmentos de esta última cinta. Y, sin embargo, resulta más saludable tomar este revulsivo contra la conformidad que produce lo comprensible. Enrique Vila-Matas elogiaba en un pequeño texto (Aunque no entendamos nada) a las obras que retaban al lector con su dificultad, pues dan pie a una búsqueda feliz y creativa que nos hace más tolerantes y comprensivos. Afortunadamente todavía hay voces como las de Godard, o como las de Pedro Costa que estrenó el año pasado Caballo dinero. Voces que nos invitan a indagar en la ópaca superficie que nos ofrecen un mundo que escapa a los imaginarios corrientes con que se venden sagas, remakes, reboots y demás. Tal como se necesita de lo digerible y de lo legible -del cine comercial y de puro entretenimiento, se necesita otro que implique un esfuerzo mayor para su espectador. No hay recompensa más grande, hablo con toda Godardlotría, que navegar por las superficies densas de un grupo de cineastas escasos y excéntricos -es decir, alejados de la corriente común del cine mayoritario. Por ello los invito a ver Adiós al lenguaje, una oportunidad para que veamos una experiencia filmica distinta.


*El término Godardlotra lo acuñó David Bordwell
En el siguiente enlace se puede ver Les Trois Désastres, corto del año pasado que complementa Adiós al lenguaje: https://www.youtube.com/watch?v=aDC_9xBWe7A



Comentarios

  1. Gracias por el comentario, me has dado una guía sobre como pensar la obra de Godard en su totalidad, no solo esta,que se me ha hecho de las menos accesibles a su filmografía, pero en la cual noto un mayor grado de experimentación y de exploración del lenguaje en el cine, manteniendo su radicalismo de manera vital como bien reseñas. Saludos!

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